EL CAMINO HACIA LA ETERNIDAD





1791:


En su último año de vida Mozart experimenta una subida tremenda de su estado de ánimo, después de un período prolongado de crisis y de dificultades financieras: 1787-1790. Su capacidad creativa resurge y se incrementa. Después de tantas penurias económicas y de dos viajes fallidos económicamente. (A praga y a Berlin con un amigo suyo que era el conde Lihnowsky en primavera de 1789, y en la primavera siguiente a Frankfurt). Además tuvo varios episodios de enfermedad, pero no sólo él también su esposa Constance los padeció en esta época. Pese a todo, 1791 se presentó bien en principio, con propuestas para trabajar en las que el compositor vió una gran oportunidad. En Mayo de 1791, Mozart está ya trabajando en la composición de la Opera “La flauta mágica”. En el mes de agosto recibe además otros dos encargos, la Opera “La clemencia de Tito” que se tenía que representar el 6 de septiembre en Praga, y una Misa de Requiem encargada anónimamente. Lo que impacta de este último encargo son el cúmulo de circunstancias que ocasionaron que el encargo se produjera en los últimos meses de vida del compositor y con su salud ya muy deteriorada, lo que le llevó a sentir que componía para su propia muerte. Como tenía además otros encargos urgentes acumulados, tuvo que aplazar la composición del Requiem hasta la fecha de su última enfermedad, el 20 de noviembre. Ese día cae postrado en cama y ya no podría terminar la obra. Una tarde de otoño de septiembre, unas semanas antes, Mozart y Constance paseaban juntos por un parque de Viena llamado el Prater. Allí, el compositor le revela a su mujer tras sentirse mareado y sentarse en un banco, que sospecha y tiene la sensación de que está siendo envenenado por algún enemigo. Se queja de sentir un regusto como metálico en la boca, dolores en los riñones y en los múslos. Constance le intenta tranquilizar en vano. Finalmente, ella le aconseja dejar de trabajar en el Requiem y Mozart empieza a trabajar en una cantata másonica titulada “El elogio de la amistad” que estaba destinada a la inauguración de un nuevo templo de su Logia. Después de la ceremonía de inauguración y del estreno de su cantata, Mozart vuelve a su hogar y recupera las fuerzas y la alegría. A su esposa le dice: Devuelvemé el Requiem, que seguiré trabajando en él. Y aunque el 20 de noviembre como hemos dicho, sufre probablemente una crisis aguda de fiebre reumática que lo deja postrado en la cama sin poder ya levantarse, Mozart siguió trabajando en el Requiem ayudado por su díscipulo Sussmayer hasta el final.

La enfermedad de la que finalmente murió mozart es aún un misterio. Tenemos varios diagnósticos de médicos que los han elaborado en la actualidad, pero sin llegar a ponerse de acuerdo. La tesis de que tenía una afección del sistema inmunológico que ocasiona a veces un fallo renal, está descartada actualmente. La hipótesis más aceptada en la actualidad, es que murió por las secuelas de una fiebre reumática que había sufrido cuando era niño, y de la cual a lo largo de los años sufriría varios accesos, en 1784 y 1790.