BIOGRAFÍA VI







En enero de 1781, la ópera de Mozart Idomeneo se estrenó con "gran éxito" en Munich. En marzo siguiente, Mozart fue llamado a Viena, donde su patrón, el arzobispo Colloredo, asistía a las celebraciones por la adhesión de José II al trono de Austria . Recién salido de la adulación que había ganado en Munich, Mozart se sintió ofendido cuando Colloredo lo trató como a un mero sirviente y particularmente cuando  el arzobispo le prohibió tocar ante el Emperador en casa de la condesa Maria Wilhelmine Thun, actuación por la que hubiera recibido unos honorarios iguales a la mitad del salario anual que cobraba en Salzburgo. La disputa resultante culminó en mayo: Mozart intentó dimitir y fue rechazado. 
Al mes siguiente, el permiso fue concedido pero de una manera groseramente insultante: el compositor fue expulsado literalmente "con una patada en el culo", propinada por el mayordomo del arzobispo, el conde Arco. Mozart decidió instalarse en Viena como intérprete y compositor independiente.

La disputa con el arzobispo fue más difícil para Mozart porque su padre se puso en contra de él. Este tenía la esperanza ferviente de que su hijo obedientemente seguiría al servicio de Colloredo. Y regresaría a Salzburgo, el padre de Mozart intercambió cartas intensas con su hijo, urgiéndole a reconciliarse con su empleador. Mozart apasionadamente defendió su intención de seguir una carrera independiente en Viena. El debate finalizó cuando Mozart fue desestimado por el arzobispo, liberándose tanto de su empleador como de las exigencias de su padre de que retornase a la ciudad. Esta dimisión de Mozart puede entenderse como un "paso revolucionario", con el que el músico intenta liberarse de sus cadenas. A partir de entonces, vio muy alterado el curso de su vida.


Los primeros años en Viena

La nueva carrera de Mozart en Viena comenzó bien. Actuó a menudo como pianista, sobre todo en una competición ante el Emperador con Muzio Clementi el 24 de diciembre de 1781, y él pronto "se había establecido como el mejor interprete de teclado en Viena". También prosperó como compositor , y en 1782 completó la ópera Die Entführung aus dem Serail ("El rapto en el serrallo"), que se estrenó el 16 de julio de 1782 y alcanzó un éxito enorme. Estableció además plenamente la reputación de Mozart como compositor.



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El rapto en el serrallo (1782).


En este año conoció a través del barón Gottfried Van Swieten la obra de Georg Friedrich Händel y Johann Sebastian Bach. Toma contacto con los oratorios de Händel y algunas obras de Bach, entre ellas El clave bien temperado. Mozart asimiló los modos de composición de ambos, fusionándolo con el propio, dando a la mayoría de las obras de este período un toque contrapuntístico, apreciable en las transcripciones que hizo de algunas fugas de El clave bien temperado, las fugas para piano.. Pero por sobre todo, podremos ver la influencia de Händel y Johann Sebastian Bach en la Misa en do menor.

No es ningún secreto que el primer gran amor de Mozart, y tal vez el único, fue Aloysia Weber, la que luego se convertiría en su cuñada, pero su esposa fue Constanza.


Aloysa Weber


En todas las biografías de Mozart podemos constatar que su historia de amor, noviazgo y boda con Constanza Weber, llamada cariñosamente Stanzy, parece más entresacada de una ópera bufa que no de una romántica novela sentimental; desdeñado por Aloysia, joven cantante de 16 años, y además muy bella, acaba casándose, empujado por unas circunstancias que evocan las comedias de enredo, con la “hermana fea”, tal vez porque era precisamente su hermana.
Mozart conoció a los Weber, padre laborioso, madre casamentera, siete hijos de los cuales sólo uno era varón, cuando empezó a emanciparse de la tutela paterna, aunque no de la materna ya que Anna María Pertl, le acompañaba entonces en sus viajes. Precisamente es en Paris donde fallece su madre el 3 de julio de 1778. Meses después él regresa a Munich y allí vuelve a encontrarse con la familia Weber, por cierto parientes del compositor del mismo nombre, con la cual ya había trabado lazos de amistad al ser Aloysia la causa.
Esta amistad con los Weber, que su padre no ve con buenos ojos por juzgarlos alocados y bohemios, le lleva a enfrentarse abiertamente con Leopoldo Mozart, y más todavía se distancian cuando Wolfgang contrae matrimonio con Stanzy, pero ésta es una historia bastante singular.
La madre de Constanza regentaba una pensión, que más que pensión era un señuelo para atraer a jóvenes adinerados de paso por la ciudad, para casarlos con sus hijas si había suerte. Mozart no era lo que pudiéramos denominar un buen partido al menos en lo económico, pero tenía futuro y brillante, además necesitaba instalarse allí por motivos de trabajo, aunque era consciente de lo que se fraguaba entre aquellas paredes, como se desprende de este fragmento de una carta suya:
¡El hecho de residir allí me obliga a casarme con una de sus hijas, precisamente en el momento en que menos deseo unirme a alguien! Dios no me ha creado para compartir la vida.
La señora Weber se había quedado ya viuda y en parte puede ser excusable su afán por dejar bien situadas a sus hijas, el caso es que la dama intrigó lo suficiente como para crear un buen lío del que en este caso únicamente se podría beneficiar Constanza.
Habiendo dejado Mozart la pensión, sus visitas a Stanzy fueron prohibidas a menos que suscribiera el siguiente contrato:
Suscribo el presente documento obligándome por él a contraer matrimonio con mademoiselle Constanza Weber en un periodo no superior al de tres años y si las circunstancias y destino así no lo estiman, indemnizaré anualmente a la pretendida doncella con 300 gulden.
El proyecto de extorsión casamentera no resultó como se había planeado ya que Stancy se enfadó rompiendo el documento y se marchó con Mozart de la casa materna, para recalar, en depósito, en la de la baronesa Waldstädten, en calidad de dama de compañía, posteriormente regreso a su hogar y más tarde volvió con la baronesa.
La madre de Constanza se dejaba guiar por un consejero, amigo de la familia, cierto señor Thorwart, quien empezó a insinuarle a Mozart que la baronesa iba llevar por la senda de la perdición a Stanzy con el ejemplo de su vida marcada por el divorcio, algo escandaloso en aquella época.
Ante semejante insidia, al compositor no se le ocurrió otra cosa mejor que escribirle una carta a la baronesa en la que le dice lo siguiente:
Si la amenaza estuviera fundada, no habría otra solución que la de casarme con Constanza mañana mismo, incluso hoy a ser posible, pues no desearía dejar a mi amada expuesta a tal injuria. Eso se evitaría si ella fuera ya mi esposa... Los Weber han sido manipulados totalmente por Thorwart, y le ruego, Señora mía, a que nos ayude y proteja... Beso sus manos mil veces y quedo siempre como su agradecido servidor... Constanza no sabe nada todavía de todo ello.
En vista de cómo estaba la situación, y para evitar que Stanzy volviera con su madre, porque si el teórico mal ejemplo de la baronesa podía dejar en entredicho a la joven, era tal vez mucho peor la influencia de la señora Weber -ansiosa de casarla sin amor con un hombre rico-, Wolfgang se decidió y ambos contrajeron matrimonio el 4 de agosto de 1782 en la catedral de San Stephen en contra de los deseos de la familia de ella y el disgusto y rechazo de la familia de él.


Constanze Mozart


Para celebrar la unión y para calmar a su padre, Mozart compuso la Misa en do menor. Pensaba estrenarla en Salzburgo con Constanze como primera soprano solista. Sólo pudo hacerlo en agosto de 1783, pero sería inútil. Deseaba demostrar a su familia que había sabido elegir, pero Leopold y Nannerl jamás terminarían de aceptar a Constanze.

el encuentro con Franz Joseph Haydn es de la mayor importancia para Mozart. Haydn iba a Viena desde la residencia del príncipe Esterházy con cierta frecuencia, y en uno de esos viajes se conocieron. Veinticuatro años mayor que él, era el único músico a quien podía admirar sinceramente, y, sin duda, el único entre sus contemporáneos que tuvo capacidad para comprender a Mozart en toda su grandeza, tal y como podemos comprobar en una carta que escribió a Praga: «Si estuviera en mi mano que todos los amantes de la música, y especialmente los que tienen el poder, fueran capaces de impresionarse y sentir las obras de Mozart, con un conocimiento y una emoción tan grandes como los míos, las naciones rivalizarían por tener dentro de sus fronteras a esa joya».


Joseph Haydn


En todos los años de Viena, hasta que Haydn se marcha a Londres, los encuentros con su amigo debieron compensar a Mozart de la soledad que produce la amarga competencia con los mediocres; se reunían en casa de Stephen y Nancy Storace y tocaban música de cámara con Dittersdorf y otros músicos, y en este ámbito, precisamente en la intimidad de la música de cámara, surgirán las obras que Mozart va a dedicarle.

Haydn, después de nueve años sin componer cuartetos de cuerda, había publicado sus seis «cuartetos rusos», opus 33, que contienen, según su autor, «un modo nuevo muy particular». El estudio de esta obra es una de las experiencias artísticas más fuertes en la vida de Mozart, y su resultado la composición de los seis cuartetos dedicados a su «querido amigo Haydn» (K 387, 421, 428, 458, 464 y 465). El trabajo abarca un largo periodo, desde 1782 hasta 1785, y los manuscritos están llenos de tachaduras, correcciones y comienzos abandonados. A Mozart se le descubre un mundo formal nuevo, pero él crea un conjunto de obras que figuran entre las más logradas y personales de cuantas hizo. La influencia es de un carácter tan eminentemente técnico, que al profano le resultaría muy difícil percibirla, aunque haya rasgos diferenciales aparentes, como el protagonismo del primer violín en Haydn, que no encontramos en Mozart.

Para Alfred Einstein (biógrafo de Mozart) existe una diferencia más profunda, y es que mientras en los «cuartetos rusos» encontramos un humor muy característico del sur de Alemania, una especie de alegría «en mangas de camisa», Mozart no se permite nada de eso. Pronto se vio que con esta música se había dado un paso demasiado grande; ése fue el reproche de la crítica, incluso Dittersdorf reconocía sentirse un tanto turbado ante la exuberancia de ideas tan espléndidas.

En esta época Mozart frecuenta la casa de un personaje influyente de la corte, el barón Gottfried van Swieten, diplomático, hijo de un médico de la difunta emperatriz, que, en su etapa de embajador en Berlín, había adquirido un profundo conocimiento de la música de J. S. Bach y de Haendel. Allí se reunían todos los domingos a las doce, y no se tocaba otra música que la de los dos maestros; además Mozart se llevaba partituras para poderlas estudiar en casa, y cuando las tocaba al piano, a Constanza llegaron a gustarle tanto que pedía a su marido que compusiera fugas como aquéllas, porque eran «lo más artístico y lo más hermoso que había en la música». En su infancia, el padre Martini analizaba cánones con él, pero el profundo conocimiento del contrapunto que adquiere ahora con el estudio de la obra de J. S. Bach, influirá decisivamente en su obra y muy particularmente en su Misa en Do menor (K 427).

Desde la boda, el matrimonio se ha mudado dos veces de casa, y ahora planean un viaje a Salzburgo para que Leopoldo y Nannerl conozcan a la joven esposa. El 11 de noviembre intentan ponerse en camino, pero el día antes «el tiempo fue tan horrible que apenas se podía ir en coche por la ciudad», y en la posta le comunican que en esas condiciones las etapas serían muy largas y que lo más seguro es que tuvieran que volverse. Luego la causa del aplazamiento es una indisposición de Constanza, sin duda producida por su primer embarazo, porque el 18 de junio de 1783 Mozart comunica a su padre: «¡Felicidades, ya es usted abuelo! Ayer a las seis y media de la mañana, mi querida esposa dio felizmente a luz un robusto y hermoso niño.»

Confiados quizás en la robustez del bebé, lo dejan al cuidado de una nodriza, y a finales del mes de julio emprenden, por fin, el viaje a Salzburgo. Se podía temer alguna represalia del arzobispo, pero lo que encontraron fue un ambiente bastante frío en su propia casa, donde Constanza recibió muy pocas atenciones.

Mozart venía además a cumplir un voto; en los difíciles tiempos de su noviazgo había prometido, si lograba llevar a Constanza a Salzburgo como esposa, ofrecer allí una misa compuesta por él. Llegado el momento no tiene más que hasta la mitad del Credo, así es que para cumplir el voto en la iglesia de San Pedro tendría que completarla con fragmentos de otras obras suyas. La Misa en Do menor, antes mencionada, no se sujeta a las normas de brevedad que dictaba Colloredo y es, junto con algunos fragmentos del Réquiem, inacabado también, y el Ave verum corpus (K 618) la más profunda música religiosa de Mozart.

De vuelta a Viena, el matrimonio hace una agradable escala en Linz y, para un concierto que le piden compone la sinfonía que lleva el sobrenombre de la ciudad (K 425). La influencia de Haydn aparece aquí en la introducción lenta y solemne del primer tiempo, y en el «andante» sobre todo, aunque los cambios de humor, la mezcla de lo alegre y lo nostálgico, característica de la obra de Mozart, discurren por toda la sinfonía para separarla de las del amigo y maestro que en estos años tenía tan presente.

A primeros de diciembre, ya en casa, reciben la triste noticia de la muerte de su primogénito Raimundo Leopoldo. El «pobre, rollizo y querido bebé», así le recuerda su padre en una de sus cartas, había muerto el 19 de agosto y reposaba en un humilde cementerio hoy desaparecido.


En 1784 nace Karl Thomas, el segundo hijo de Mozart. A partir de febrero  Mozart empieza a trabajar en una "Relación de todas mis obras" para su alumna Barbara von Ployer que comienza con el Concierto para piano en Mi bemol mayor KV 449.


Karl Thomas (der.) y Franz Xaver Mozart (izq.),
únicos hijos supervivientes.

El 1 de abril de 1784 Mozart dio su primera "Akademie" en el Burgtheater, en cuyo programa se presentaron sus Sinfonías KV 425 y 385, los dos Conciertos para piano KV 450, 451 además del Quinteto para piano KV 452.

En 1784 Mozart entra en la logia masónica vienesa. Este contacto ejercerá una profunda influencia en su vida y en  su obra. No se acercó a la francmasonería en busca de una ayuda económica que nunca, por orgullo, solicitó de sus amigos, sino por saciar un ansia de universal fraternidad y espiritualidad que Mozart, como muchos católicos austriacos, sacerdotes incluidos, encontró en los símbolos y los ritos masones antes que en la pompa clerical de la Iglesia. Una simbología que más adelante sabría plasmar musicalmente en la composición de La flauta mágica. Ingresa con el grado de Aprendiz, en la Logia Zur Wohltätigkeit(de la Beneficencia) de Viena. Fue introducido por el Barón Otto Von Gemminger Hombag. Mozart le había conocido tiempo atrás en la muy musical ciudad de Mannheim. Tal fue su entusiasmo por la logia, que en muy poco tiempo llegó a ser Maestro, por entonces, el penúltimo grado hasta Gran maestro. Ese entusiasmo fue inoculado en su padre Leopoldo, que ingresaría más tarde en la Logia, y en el músico Joseph Haydn, quien fue introducido personalmente por Mozart, si bien éste no estuvo presente en la iniciación de su compañero, pues se encontraba en la Mehlgrabe de Viena estrenando su concierto para piano K466




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