BIOGRAFÍA V







La antipatía y el descontento mutuo entre los Mozart y el arzobispo Colloredo fueron aumentando progresivamente. A comienzos de 1777 la situación se había hecho insostenible para Wolfgang y la necesidad de encontrar una salida se hizo imperiosa. En vista de ello pensaron que lo mejor sería desaparecer por algún tiempo y hacer un nuevo viaje, pero el arzobispo negó el permiso alegando que necesitaba la capilla de música al completo para la visita del emperador de Alemania José II en junio. Mozart se encontró en una alternativa dramática. Había cumplido los 21 años, tenía en su haber más de 300 composiciones, muchas de las cuales habían conseguido un éxito clamoroso, y sentía la necesidad de dar salida a sus posibilidades; tenía, en fin, que pensar en su futuro, decidir su vida. Y como las ataduras que le ligaban al servicio de la corte de Salzburgo eran un obstáculo insuperable, decidió romperlas escogiendo la libertad del artista. El 1 de septiembre el arzobispo firmó el decretum que libraba “al padre y al hijo” del servicio, “para que busquen su felicidad en otro sitio”. Pero como el cese de su padre no entraba en la petición de Mozart, Leopold debió de reingresar inmediatamente en el servicio.

EL ÚLTIMO GRAN VIAJE

El 23 de septiembre partió Mozart con su madre y al día siguiente llegaban a Munich. Mozart intentó ser admitido como compositor de la corte. Pero tras leer las cartas de su hijo, Leopold vio clara la situación y le escribió diciéndole que no se quedara más tiempo en Munich. El 11 de octubre salió hacia Augsburgo, donde permaneció hasta el 26: allí dio varios conciertos, que le proporcionaron algo de dinero.
La siguiente etapa importante del viaje fue Mannheim, a donde llegaron el 30 de octubre y donde permanecieron varios meses. Mozart hizo amistad con varios músicos, entre ellos el Konzertmeister Christian Cannabich, el Kapellmeister Ignaz Jakob Holzbauer y el flautista Johann Baptist Wendling. Intentó allí también que le aceptaran como compositor de la corte, pero también aquí se encontró con negativas y vagas promesas.
Llegó el invierno y el proyecto de continuar viaje hacia París hubo de ser retrasado hasta que mejorase el tiempo. Durante aquellas semanas, Mozart tomó parte activa en la vida musical de Mannheim, aunque desde un punto de vista práctico esto no le reportó ninguna ganancia. Vivía pobremente, comía y cenaba en casa de sus amigos, y llegó al extremo de tener que pedir a su padre que le enviara dinero.
En enero de 1778, Wolfgang llegó al colmo de la ingenuidad: se enamoró de una jovencita de 16 años, Aloysia, hija de un hombre llamado Weber, que cantaba muy bien y quería ser primma donna. Pues bien, Mozart concibió un plan fantasioso: desistir del viaje a París para dedicarse a la formación y promoción de la joven cantante. Para ello la llevaría a Italia, donde haría una gran carrera y en consecuencia, le harían a él encargos de óperas, etc. Cuando su padre leyó este cúmulo de fantasías, cortó por lo sano: prohibió terminantemente el descabellado proyecto y le mandó que cuanto antes se pusiese en camino para París, y no acompañado de sus amigos de Mannheim, sino por su madre. El 14 de marzo madre e hijo salieron de aquella ciudad alemana y el 23 llegaron a París.
Lo primero que Wolfgang hizo, lógicamente, fue visitar a sus antiguos amigos, entre ellos Grimm, que había prosperado mucho en su carrera. Gracias, en parte a éste, logró pronto algunas discípulas, como la hija del duque de Guines. Para ellos compuso el Concierto para flauta y arpa, con acompañamiento de orquesta, K. 299.
A comienzos del verano ocurrió una auténtica tragedia: el 3 de julio, después de breve enfermedad, murió su madre, aquella mujer que se contentó con estar siempre en un segundo plano, sirviendo a su marido y a sus hijos. A la desgracia reaccionó con valentía. No se atrevió a comunicar directamente a su padre la tremenda noticia: le habló de que su madre estaba enferma y escribió a un amigo común para que comunicara a su padre la terrible verdad...


Anna Maria Mozart


*La madre de Mozart nació el 25 de diciembre de 1720 en St. Gilgen. Era hija del regidor por el arzobispo salzburgués Wolfgang Nikolaus Pertl y su mujer Eva Rosina, de soltera Altmann, viuda de Puxbaumer (aprox. 1688-1755).

La enfermiza hija del jurista, con educación musical, criada con ciertas dificultades económicas, se casó en 1747 (no en 1742 como explica "Nannerl") con Leopold Mozart. De los seis hijos de este matrimonio feliz, sólo dos quedaron con vida, “Nannerl” y Wolfgang. La mujer de Leopold, silenciosa y de buen humor, “Madamme Mutter” (“Madamme” Madre, así la llama Mozart en un poema a su madre el 31 de enero de 1778 desde Worms), acompañó a su hijo el año 1777 a París, donde murió el 3 de julio de 1778. Su muerte provocó los reproches de Leopold contra su hijo, a quien incluso llegó a acusar de falta de atención.

El año 1983 le fue erigido por la Fundación Internacional Mozarteum un monumento en St. Gilgen.


La madre de Mozart nació el 25 de diciembre de 1720 en St. Gilgen. Era hija del regidor por el arzobispo salzburgués Wolfgang Nikolaus Pertl y su mujer Eva Rosina, de soltera Altmann, viuda de Puxbaumer (aprox. 1688-1755).

La enfermiza hija del jurista, con educación musical, criada con ciertas dificultades económicas, se casó en 1747 (no en 1742 como explica "Nannerl") con Leopold Mozart. De los seis hijos de este matrimonio feliz, sólo dos quedaron con vida, “Nannerl” y Wolfgang. La mujer de Leopold, silenciosa y de buen humor, “Madamme Mutter” (“Madamme” Madre, así la llama Mozart en un poema a su madre el 31 de enero de 1778 desde Worms), acompañó a su hijo el año 1777 a París, donde murió el 3 de julio de 1778. Su muerte provocó los reproches de Leopold contra su hijo, a quien incluso llegó a acusar de falta de atención.

En el año 1983 le fue erigido por la Fundación Internacional Mozarteum un monumento en St. Gilgen.



...Al quedarse solo, Mozart se fue a vivir con Grimm, el cual escribió a Leopold exponiéndole sus puntos de vista (algo pesimistas) sobre las posibilidades de Wolfgang en París. Leopold procuró resolver el futuro de su hijo de manera realista: logró que fuera admitido de nuevo como Konzertmeister de Salzburgo, pero con sueldo entero o incluso con aumento. En ese momento, cuando su padre se lo comunicaba, Mozart componía la popular “Marcha Turca”, el tercer tiempo de la Sonata en la mayor, K. 331.
El día 6 de noviembre llegó a Mannheim. En esta ciudad permaneció un mes. El 25 de diciembre llegó a Munich, donde se alojó en casa de los Weber, que se habían trasladado allí siguiendo al príncipe. En Munich se encontró con una sorpresa que fue para él un duro golpe: Aloysia, ahora primma donna triunfante en la ópera de la corte, lo recibió fríamente.
A pesar de ello, tuvo una gran satisfacción: pudo presentar a la princesa electora Elisabeth Auguste el volumen de sus sonatas publicadas en París, que acababa de recibir. Pero sus esperanzas de lograr con este gesto una buena colocación en la corte se desvanecieron una vez más. En vista de ello no tuvo más remedio que emprender el camino de regreso a Salzburgo, a donde llegó el 15 de enero de 1779. Colloredo le aumentó su salario, pero también sus obligaciones: debía dedicarle mucho más tiempo a su cargo. Ese mismo año escribió la Misa de la Coronación.

En 1780, la relación entre Colloredo y los Mozart cada vez fue más tensa; Léopold era Kapellmeister suplente en Salzburgo y, por ello, debía realizar sus continuos encargos para los festejos de la corte. Eso sí, mal pagados ambos, padre e hijo. Este, desde luego, protestó mucho más y más abiertamente que Léopold. 


El otro frente abierto de Wolfgang se encontraba con su padre; Léopold le dio a conocer, le sometió y vigiló ( conocidas son las coacciones a que llevó a su hijo para contener sus amoríos ), a veces en exceso; el joven Mozart veía que en Salzburgo se encontraba sometido a una doble cadena: la de su protector y la de su padre, quien evitaba su independencia de manera tiránica o mediante el chantaje emocional. Ya había intervenido en los "affaires"con Aloysia Weber y con Bläse, coartando la libertad amorosa de su hijo. 


Finalmente, esto hay que tomarlo así, la corte salzburguesa adolecía de creatividad y efectividad musicales; otras como Manheim o Viena la superaban con creces. Las orquestas, los músicos, los mejores escritores e intérpretes se encontraban allí, allí eran contratados. El nivel de perfección de un jovencísimo creador como Wolfgang se ve desperdiciado en su patria natal y desea abandonarla para trabajar con equipos mejor formados y listos; dicho pronto, a la altura de las nuevas propuestas musicales que ya está formulando en su creación musical. Esto dice Mozart: 

Al abad Bullinger ( 7. agosto. 1778 ). 

"Lo único que me disgusta de Salzburgo...es que no se pueda establecer ningún tipo de relación social apropiada con esa gente y que la música no tenga mejor reputación, y que el arzobispo no tenga fe en las personas inteligentes que han viajado."A Léopold Mozart ( 11. septiembre.1778 ). 

"Pues le aseguro que si no se viaja, por lo menos en el caso de los artistas y hombres de ciencia, ¡se es una criatura miserable! ¡Y le aseguro que si el arzobispo no me permite realizar un viaje cada dos años, difícilmente podré aceptar cualquier compromiso! Un hombre de talento mediocre será siempre mediocre, viaje o no viaje,pero un hombre de talento superior...se tornará mediocre si permanece en el mismo sitio." Convencido por su padre, allí sigue componiendo, aunque escapa a Estrasburgo y a Viena; sus palabras son muy amargas: 




"En Salzburgo no sé quien soy; lo soy todo y a veces nada, pero yo no pido tanto, y al mismo tiempo solo pido eso- pero solo algo-si solo soy algo...En cualquier otro sitio lo sabría." 

Mozart espera alejarse de Salzburgo por todas estas razones. De ahí que aceptara inmediatamente la oferta que cambió profundamente su vida y que le llevó a crear Idomeneo, rey de Creta.

1780: UN GRAN ENCARGO

Nada más y nada menos era el encargo del regente Carl Theodor, la representación de una ópera con motivo de la celebración de los carnavales. Una fiesta cortesana constituía un motivo de interés a todos los artistas pues era un espectáculo de increibles dimensiones donde se mezclaban a gran altura todas las artes escénicas y escenográfica, la dramática, la artística, la pictórica y la musical. El gran lucimiento de las tramoyas y el juego con las perspectivas, así como con las luces,asombraba al público cortesano que permitía dispendios impresionantes en la contemplación de ese espectáculo, efímero es cierto, pero asombroso y del cual nos han dejado noticia en todas las cortes mediante diferentes escritos y planos de las tramoyas. 


No es de extrañar que Mozart aprovechara la ocasión; aparte de los motivos ya expuestos antes, la fiesta de corte ponía a disposición de los artistas los mejores materiales; la gran suerte dispuso que además el regente bávaro fuera un protector eficaz que se había rodeado de auténticos profesionales en el campo musical y que había llevado a la corte de Manheim a un estatus impresionante por su orquesta, por los cantantes contratados además- eso sin dudarlo jamás-de los mejores escenógrafos. Todos, siendo locales, habían conseguido una calidad reconocida en todas las cortes. Esto deseaba Mozart. 


Así pues, cuando recibió el encargo de componer una ópera para los carnavales de Munich en el nuevo teatro de corte ( el teatro Cuiviliés ), no dudó y eligió un tema tan solo representado unos veinte años atras: la tensión entre el deber a los dioses y el amor paternal del héroe Idomeneo. 

Recurrió al libreto de Giambattista Varesco quien, a su vez, retomó la tragedia en cinco actos de Antoine Danchet Idoménée , musicada por Andrè Campra en 1731. La labor de libretista y de Mozart fue muy intensa, tanto que el propio Mozart corregía la letra en la búsqueda de la expresividad y de la efectividad dramáticas. Como confesaría más adelante ( y es cierto ), Varesco sería famoso gracias al doble oficio de Mozart como compositor musical y poético. La música estaba lista en menos de un mes y en noviembre de 1780, Mozart se dirigió a Munich para iniciar los ensayos, que ciertamente, fueron arduos y dificultosos para nuestro joven Wolfie.

El equipo con que contó Mozart (quien dirigió desde el Clave) para esta ópera: 


Escenógrafo, Lorenz Quaglio. 

Director orquesta...Christian Cannabich. 

Orquesta de Manheim. 

Idomeneo....Anton Raaf,tenor. 

Idamante....Vicenzo del Prato, castrato. 

Ilia............Dorotea Wendling, soprano. 

Elettra.......Elisabeth Augusta Wendling, soprano. 

Arbace......Domenico de Panzacchi, tenor. 

Voz de Neptuno...Giovanni Valesi, tenor.


Aspecto del Teatro en aquella época





IDOMENEO (Mozart) - coro Placido è il mar



"Placido è il mar" coro da ópera Idomeneo de Mozart
André Heller-Lopes (mise-en-scène)
S Barbato (dir Musical)
CORO do Theatro Municipal do Rio de Janeiro
Fernando Portari (Idomeneo)
Luisa Francesconi (Idamente)
Janette Dornellas (Elettra)
S Bellato (Illia)
Adriana Varejão (cenários)



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